Cooperante en África: una actividad de alto riesgo

No exenta de cierto romanticismo, la actividad de cooperante internacional se está convirtiendo en los últimos años en una actividad de alto riesgo, especialmente si a la actividad de los cooperantes en África nos referimos. Efectivamente, el secuestro de dos cooperantes internacionales en Kenia ha vuelto a poner sobre el foco de la opinión pública el alto riesgo a que se ven expuestos los cooperantes internacionales en África.

Eran las 13.15 horas (hora local), cuando las dos cooperantes de la ONG “Médicos Sin Fronteras”, Montserrat Serra i Ridao, natural de Palafrugell (Gerona), y otra cooperante madrileña cuya identidad no ha sido revelada, por deseo de sus familiares, se dirigían a negociar con los distintos jefes locales cuestiones logísticas sobre el terreno en la zona keniata de Dadaab, próxima a la frontera con Somalia, una zona también conocida como el “salvaje oeste africano” donde no llega la ley ni la Justicia, un lugar inhóspito que agrupa a los más de 400.000 refugiados de la zona en tres campos, uno de los cuales es el campo de refugiados más grande del Mundo.

Las cooperantes viajaban rumbo a su cita en un vehículo que fue asaltado por tres hombres somalíes que se hacían pasar por refugiados, recibiendo el conductor keniata del vehículo un disparo en el cuello, siendo sacado seguidamente del vehículo por los asaltantes, los cuales, acto seguido, huyeron en el vehículo asaltado con las dos cooperantes españolas, quienes trabajaban en la construcción de un hospital en Ifo, uno de los campamentos de refugiados de Dadaab y que acoge a unos 50.000 refugiados somalíes.

Por ahora nada se sabe del paradero ni del estado de las dos cooperantes secuestradas, aunque se sospecha que puedan haber sido trasladadas a territorio somalí por el grupo terrorista “Al Shabab”, filial de “Al Qaeda”, un grupo que domina este territorio sin ley y que está especializado en el rapto de occidentales, a pesar de lo cual es la primera vez que en catorce años la ONG “Médicos Sin Fronteras” sufre un incidente de este tipo en la zona, de ahí que esta ONG, ante esa relativa seguridad, es la única organización que en Dadaab se movía sin escoltas ni seguridad, acatando, eso sí, el estricto toque de queda que impera en la zona desde las 17.00 horas hasta las 6.00 horas. Probablemente, las cosas cambiarán a partir de ahora, especialmente por tratarse de un lugar donde la cabeza de un blanco puede llegar a valer cientos de miles de dólares, en un momento en el que se está produciendo una oleada de secuestros de occidentales en el norte de Kenia, especialmente en la zona costera, uno de los lugares turísticos más cotizados por su aislamiento, con tres secuestros en menos de un mes.

Y es que la vida del cooperante en África, a pesar de que ahora ha saltado a los medios el secuestro de las dos cooperantes españolas, no es tarea fácil, especialmente porque la actividad de cooperación internacional se desarrolla normalmente en territorios sin ley, en zonas en conflicto armado en el que la existencia de ley y justicia es algo tan escaso como el agua, las medicinas y los alimentos que, precisamente, los cooperantes tratan de proporcionar. Un ápice de civilización y de humanidad que las ONG tratan de llevar a territorios inhóspitos en los que se impone la ley del más fuerte y donde la vida humana carece de valor alguno, salvo que se sea occidental, en cuyo caso la vida vale su peso en oro para piratas, delincuentes comunes y terroristas.

Pero, ¿qué lleva a un occidental a jugarse la vida en estos territorios salvajes por ayudar a los demás? El perfil del cooperante es el de profesionales con título superior, de unos 33 años de edad, hombre o mujer, con capacidad para trabajar en dos o tres idiomas indistintamente, excelente conocimiento de informática, alto grado de multiculturalidad, dotes de liderazgo, dotes de comunicación y, sobre todo, atraído por la retribución emocional, ya que la retribución monetaria es prácticamente nula si la comparamos con lo que muchos de ellos perciben en sus trabajos en sus países de origen, en los que son arquitectos, funcionarios, médicos y profesionales liberales que piden varios años de excedencia en sus trabajos para entregarse a los demás, a aquellos que no tienen nada en lugares perdidos de la mano de Dios.

República Democrática del Congo, Chad, Kenia, Somalia, entre otros, son países donde el Ministerio de Asuntos Exteriores aconseja no viajar “bajo ninguna circunstancia”, países en los que, precisamente, los cooperantes viajan para desarrollar su actividad, una actividad que, vista desde fuera, aparece revestida de ese romanticismo que siempre envuelve a los viajes de aventura al otro lado del Mundo, pero que en su interior están llenos de penalidades, riesgo y, por supuesto, compromiso, lo cual constituye la verdadera y más valiosa retribución de los cooperantes internacionales.

Pero África no es el único destino lleno de riesgos en el que los cooperantes desarrollan su actividad. Efectivamente, según la ONU, en los últimos diez años, su labor se ha vuelto cada vez más peligrosa. Los ataques a los puestos de ayuda humanitaria se han triplicado, con el resultado de unas cien víctimas al año. En 2010 se produjeron 129 incidentes que afectaron a la seguridad de los trabajadores humanitarios: 69 fueron asesinados, 86 heridos y 87 secuestrados en todo el Mundo.

Así, en 1996, un grupo de cooperantes de “Acción contra el Hambre”, entre ellos el madrileño Álvaro Parages, son secuestrados por un grupo guerrillero checheno. Es puesto en libertad minutos después, mientras que a un francés y un británico los mantienen en cautiverio durante un mes.

En 1998, los misioneros Fernando Aguiló y José Luis Garayoa, así como el cooperante farmacéutico Antonio Mateu, son secuestrados por un grupo rebelde en Sierra Leona. Quedan en libertad semanas después.

En 1998 secuestran en Colombia a la cooperante Camino Villanueva Rodríguez, de “Médicos sin Fronteras”, que es puesta en libertad por terroristas de las FARC un mes después.

En 1999 un grupo de guerrilleros colombianos secuestran en la Amazonía ecuatoriana a un grupo de cooperantes de la “Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica”, entre ellos el español Ánder Mimenza, su hermana María Jesús y el esposo de ésta Jesús María Maguriagoicoetxea. El primero es liberado el 26 de septiembre, mientras que su hermana y su cuñado quedan en libertad el 9 de octubre.

En 2001 los habitantes de la localidad de San Pablo, en Colombia, retienen unas horas a los integrantes de una caravana internacional de cooperantes, entre los que se encuentran 37 españoles, al oponerse a que lleguen con las toneladas de medicamentos y alimentos a poblaciones dominadas por el “Ejército de Liberación Nacional.

En 2004 secuestran en Brasil a tres religiosos, entre ellos el español Juan Carlos Martínez en Brasil, en la revuelta de los terratenientes contra el anuncio del Gobierno de Lula da Silva de declarar reserva indígena la zona “Raposa Serra do Sol”, en Roraima. Son liberados dos días después.

En 2006 el cooperante español Roberto Vila, jefe de misión de la ONG “Asamblea de Cooperación Por la Paz”, es secuestrado en el centro de la Franja de Gaza por un grupo de cuatro individuos armados. Es liberado el mismo día, ocho horas después de ser retenido.

En 2007 secuestran a la médica española Mercedes García junto a la enfermera argentina Pilar Bauza, ambas cooperantes de “Médicos sin Fronteras” en Bossaso, en la región semiautónoma de Puntlandia (Somalia). Ambas fueron liberadas el 2 de enero de 2008, tras permanecer secuestradas durante siete días por un grupo de milicianos, que exigían un rescate de 250.000 dólares.

En 2009 secuestran a tres cooperantes españoles, miembros de “Barcelona-Acció Solidaria”, a 150 kilómetros de Nuakchot, en la carretera que une la capital con Nuadibú (Mauritania). Se trata de Albert Vilalta, Alicia Gámez y Roque Pascual, que viajaban en una caravana de cinco vehículos cuando fueron asaltados por cuatro secuestradores. La cooperante fue liberada el 10 de marzo, y Vilalta y Pascual el 22 de agosto.

Son sólo algunos ejemplos del riesgo a que se ven expuestos quienes deciden dedicar parte de sus vidas a ayudar a los demás, una decisión que muchas veces les llega a costar la vida como señalan las cifras de Naciones Unidas, unas cifras que, lamentablemente, parecen ir en aumento en los últimos tiempos, unos tiempos en los que el secuestro de cooperantes internacionales parece haberse convertido en un negocio redondo, convirtiendo la vida del cooperante en una verdadera actividad de alto riesgo.

Por ahora nada se sabe de las cooperantes españolas secuestradas, a pesar de que algunas fuentes indican que estarían sanas y localizadas en territorio somalí, en manos del grupo terrorista “Al Shabab”, aunque tales extremos no se han podido confirmar, aunque todo indica, según la forma en que se produjo el secuestro, que es así. El Ministerio de Asuntos Exteriores español pide prudencia y discreción, como siempre en estos casos, con el objetivo de asegurar la integridad física de las cooperantes secuestradas y su pronta liberación. A buen seguro que se producirá el pago de un suculento rescate para la liberación de las secuestradas, lo cual nos introducirá nuevamente en el eterno debate acerca de si se debe ceder al chantaje de los terroristas que utilizan la vida humana como moneda de cambio, lo cual, como indicamos, ya es otro debate que no debe ensombrecer en modo alguno la desinteresada y altruista labor de los cooperantes y los riesgos que supone su actividad y que muy pocos estaríamos dispuestos a correr para ayudar a los olvidados del Mundo.

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